El sonido de un monitor cardíaco marcando una línea plana es algo que te persigue por el resto de tus días. No es un pitido. Es el sonido del universo entero deteniéndose.
—¡Caleb! —el grito desgarró mi propia garganta, crudo y animal, haciendo eco en el pasillo aséptico de la Unidad de Cuidados Intensivos.
A través de los cristales de las puertas batientes, la escena era un caos de batas azules.
Intenté abalanzarme hacia la habitación, pero los brazos de Marcus me rodearon desde atrás, inmovil