Mundo ficciónIniciar sesiónEl chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores resonaban en mis oídos mientras nos adentrábamos en las callejuelas estrechas de Catania. El segundo de Nectáreo conducía con destreza, esquivando obstáculos y tomando atajos conocidos sólo por los lugareños. Nectáreo me mantenía firmemente abrazada, protegiéndome con su cuerpo.
—¿Estás seguro que son los Garibaldi? —pregunt






