243. CONTINUACIÓN

FABRIZIO:

 El abuelo se levantó de golpe, tirando la silla al suelo. Se acercó a la tía abuela con pasos pesados, amenazantes.

—¿Qué demonios dices, mujer? —rugió—. Parece mentira que seas una científica. Sabes perfectamente que las personas de sangre dorada son más raras que un puto unicornio, y el motivo por el que nacen así. Mi antepasado no sabía una mierda de eso, tampoco tiene la cul
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