Mundo ficciónIniciar sesiónMe asomé de inmediato y me di cuenta de que, en verdad, habíamos encontrado las mazmorras que mencionó el abuelo. Decidí seguir mi instinto. A medida que avanzábamos, iluminando cada celda con nuestras linternas, el hedor se intensificaba, mezclándose con la humedad y el moho que impregnaban el aire. Era un olor a muerte, a sufrimiento, a siglos de historias encerradas en esas paredes.
De repente, me detuve en seco, mis ojos fijos en la pared de






