Mundo ficciónIniciar sesiónTodos en el atelier observaban la escena con reproche hacia Celeste y se esforzaban por proponer soluciones y arreglos. Y yo..., yo saboreaba el dulce sabor de la venganza.
—No quiero oír más excusas, Celeste. Siempre actúas sin medir las consecuencias. Lo hecho, hecho está —mi voz era un susurro resignado, pero mis ojos destellaban con una determinación férrea. No iban a salirse con la suya y humillarme de esa manera—. A






