148. DE REGRESO A LA CASA DEL LOBO
DILETTA:
Dante se detuvo de golpe, la tensión en su cuerpo se hizo evidente, como si mi pregunta hubiera tocado un nervio expuesto. Me miró, sus ojos oscuros analizándome con ese aire enigmático que siempre me hacía preguntarme si estaba leyendo mis pensamientos. No respondió de inmediato, y el silencio se extendió entre nosotros como un callejón sin salida.
—No hoy. Gracias por llamar. Si sigues al pie de la letra mis indicaciones, podremos desenmarañar este embrollo y hacerles pagar por lo q