ALONSO:
Y sin esperar a que él, como siempre, intentara impedírmelo, salí corriendo disparando sin cesar hasta llegar donde tenía mis ametralladoras. Atrapé una y me lancé al suelo junto a Rigo en el centro de la puerta, y disparamos sin parar, dando tiempo a que Dante corriera con los demás hacia el interior de la casa donde estaba la salida.
—Vaya ahora, jefe. Yo me encargo. Salve a su esposa y mande refuerzos —me instó Rigo, corriendo hasta ponerse detrás de una columna sin dejar de disparar. —Ella lo necesita a su lado.—Disparen con todo. Rigo, tú te encargas de aquí; te enviaré refuerzos. No dejen de disparar, y ustedes, síganme —ordené a los demás que se arrastraron detrás de mí.—Sí, jefe —respondió Rigo, asumiendo el mando con una determinación que reflejaba la graved