LUIGI:
Las marcas en su espalda eran testimonio mudo de las adversidades que había enfrentado. Cada cicatriz contaba una historia de dolor, lucha y supervivencia. En ese momento, comprendí aún más la magnitud del viaje que Lucero había emprendido para encontrarme. La determinación y el coraje que había demostrado eran dignos de admiración. Deslicé mi teléfono del bolsillo y marqué rápidamente el número de mi hermano Fabrizio.—Dime, Luigi —respondió con su habitual prontitud al primer timbre. —Habla, ¿qué sucede hermano?—La encontré, Fabrizio, y necesito tu ayuda —dije, vibrante de emoción, alejándome de la habitación para garantizar la privacidad de Lucero—. He encontrado a Iselda, pero eso no es todo; tengo una hija con ella. Está aquí conmigo ahora, per