El silencio entre nosotros era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Nathaniel permanecía de pie junto a la ventana de su ático, con la mirada perdida en el horizonte de la ciudad. La luz del atardecer dibujaba su silueta contra el cristal, dándole un aspecto casi etéreo. Nunca lo había visto así, tan vulnerable, tan humano.
—Nathaniel —susurré, acercándome con cautela—. Háblame, por favor.
Sus hombros se tensaron visiblemente. Durante un momento pensé que me ignoraría, como tantas otra