Hay verdades que no necesitan palabras. Verdades que se escriben sobre la piel con la punta de los dedos, que se susurran en el oído con la respiración entrecortada, que se graban en la memoria con el roce de los labios.
Esta noche, mientras observo a Nathaniel dormitar a mi lado, comprendo que nuestros cuerpos han estado confesando lo que nuestras bocas se niegan a pronunciar.
La habitación está en penumbra, apenas iluminada por la luz de la luna que se filtra entre las cortinas. El contorno d