El reloj marcaba las tres de la madrugada cuando me desperté sobresaltada. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz de la luna que se filtraba entre las cortinas. Nathaniel dormía a mi lado, su respiración acompasada contrastaba con mi corazón desbocado. Había soñado con él, con nosotros, con todo lo que estaba sucediendo entre ambos.
Me incorporé lentamente, tratando de no despertarlo. Observé su rostro relajado, tan distinto a la máscara de frialdad que solía mostrar al m