Dicen que el deseo es como una enfermedad que se propaga por el cuerpo sin que puedas hacer nada para detenerla. Yo, Sophie Miller, abogada respetada, mujer independiente, estaba infectada hasta la médula.
Observo mi reflejo en el espejo del baño de la oficina. Tengo las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes. Cualquiera pensaría que estoy enamorada. Pero no, me repito. Esto no es amor. Es deseo, obsesión, una trampa en la que he caído sin remedio.
—Contrólate, Sophie —susurro a mi reflejo m