No puedo renunciar a Emma.
El joven CEO Mendoza ya estaba casi ebrio, enarcó una ceja hacia su amigo Alexander. Lo había llamado solamente a él para contarle lo que estaba pasando y en cambio ya estaba todo un ejército en su mesa.
— Alexander, ¿Piensas que te llamé para que organizaras una fiesta o que demonios? Ahora todo el mundo va a enterarse de mi maldita desgracia, o me caso con esa mujer o pierdo todo lo que ha sido de mi familia por generaciones, estoy más que malditamente jodido.
Rafael ya arrastraba las