CAPÍTULO 80. Una verdad por cada lágrima.
Narrador.
Él se rascó la cabeza y ella rió de anticipación.
—Mira, ya no soy así, pero antes de llegar a la hacienda era un inmaduro. Mi vida solo consistía en clubes, antros, mujeres, bebidas alcohólicas y mucho, pero mucho dinero para gastar en lujos. Como el último descapotable del mercado, el reloj más costoso y de la mejor marca, y así sucesivamente… hasta que mi padre empezó a decirme que debía madurar y que era hora de que lo ayudara con la empresa, porque estaba cansado.
Y a mí me aterr