27. LA RAZÓN.
—Valeska, hola —mi jefe me saluda desde la distancia mientras dejaba sobre las manos de Ivar el casco.
—Hola, buen...
—Valeska —Ivar me llamó y cuando volví mis ojos a los suyos, su mandíbula parecía estar a punto de estallar.
Se puso de pie y me miraba desde esa impresionante altura de la que era dueño, se acercó lentamente y tomó mi rostro entre sus manos, me dio un beso y luego su frente sobre la mía.
¿Extraño? Por supuesto que sí, habían pasado 3 días desde aquel horrible incidente de Jo