EXTRA.
Igor nació muy pequeño, cuando lo tuve entre mis brazos me asusté. Creí que podría lastimarlo con solo tocarlo, mis manos en comparación con su pequeño tamaño parecían gigantes, pero desde que tomó mi dedo meñique me di cuenta que ese pequeño tendría la fuerza de su madre y mía en un solo empaque.
—¿Crees que me reconozca? —le pregunté a Valeska que aun seguía un poco pálida.
—Sabe que eres su padre.
—¿Cómo? Es… es tan pequeño.
La fragilidad de Igor entre mis brazos, sus pequeños ojos cerra