91. SER FELICES.
—Shhh… no hagas ruido.
—Lo siento —Ragna acababa de tomar una ducha y salía del baño con un albornoz que la cubría por completo, miraba a Isak con los ojos llenos de devoción y amor, mientras el alto rubio sostenía en brazos el pequeño rollo de cobijas en el que estaba envuelto su bebé.
—¿Cómo te sientes? —Isak le preguntó sin dejar de mirar al pequeño.
—Cansada, nerviosa, asustada…
—¿Enamorada?
—Siempre.
Ragna no podía ocultar sus sentimientos, era imposible para ella no sentir como la felicid