26. SANGRE.
La vi alejarse de mí lentamente, sabía que mis palabras la habían herido, que había usado las palabras incorrectas y que las palabras a veces eran más duras que un golpe.
A las 3 de la mañana yo no podía despegarme de Joshua, sabía que tenía que ir tras Valeska, pero la angustia de verlo casi muerto sobre la mesa no me dejaba, el asiático estaba dormitando en el sofá, pero sabía que tampoco iba a dormir, pude ver la angustia en sus ojos cuando llegó.
Mis ojos estaban fijos en la puerta de la