MARCUS
El olor a pólvora y lluvia ácida impregnaba el aire dentro del almacén del muelle 14. Me pegué a una columna de acero, sintiendo el metal frío contra mi espalda mientras el eco de los disparos todavía zumbaba en mis oídos. Había entrado con dos de mis mejores hombres, moviéndonos como sombras en medio de la penumbra industrial. Habíamos rastreado la señal de una de las furgonetas hasta este agujero, y no pensaba irme con las manos vacías.
—¡Flanco izquierdo! —rugí, asomándome para abrir