JULIAN VANE (MAXIMILIAN FERRERO)
El primer recuerdo real que conservo no es un nombre, ni un rostro, sino una sensación: el calor de una mano apretando la mía en medio de una oscuridad absoluta. No había pasado, no había futuro; solo existía ese asidero de vida que me impedía flotar hacia el olvido. Esa presión constante era lo único que me decía que todavía pertenecía a este mundo, que alguien me estaba reclamando desde la luz.
Cuando finalmente abrí los ojos en aquella cabaña, el mundo era un