ELIZABETH MORETTI
La luz de Palenque es generosa, envuelve a la multitud en un abrazo cálido que me hace sentir, por un instante, que yo también pertenezco a este mundo de colores y risas. Pero sé que no es así. Me mantengo al margen, bajo la sombra de un portal colonial, con el corazón martilleando contra mis costillas mientras veo a mi hija caminar por la plaza.
Allí está ella. Mi Victoria.
Verla madre, verla esposa, verla simplemente siendo, es el mayor milagro de mi vida. Michel intentó con