MARCUS
El limpiaparabrisas de mi unidad blindada golpeaba el cristal con una cadencia frenética, casi tan rápida como mi propio pulso. Manhattan era un borrón de luces de neón y asfalto mojado bajo la tormenta. Había pasado menos de una hora desde que Victoria me había gritado que me largara, que no quería ver mi cara de incompetente.
«¡Vete! ¡Mueve cielo y tierra! ¡Quiero sangre, Marcus! ¡Quiero respuestas!»
Sus palabras me quemaban como ácido. Estaba en la calle, moviendo todos mis contactos