Mundo ficciónIniciar sesiónVICTORIA VALOIS
El estallido de la puerta trasera fue un latigazo de aire helado que desordenó mi cabello y dispersó los documentos sobre la alfombra de la furgoneta. Por un segundo, el vacío en el umbral me robó el aliento. Maximilian había saltado. Vi su cuerpo rodar por el asfalto como un juguete roto antes de desaparecer por la pendiente del barranco.
—¡Señora! ¿Detengo el vehículo? —gritó Marcus desde la cabina, frenando en seco.
Me acomodé el velo de encaje con una calma que rozaba lo glacial. Sentí una punzada de irritación, sí, pero bajo ella, una chispa de admiración. Maximilian todavía tenía fuego. Ese impulso suicida por la libertad era precisamente lo que lo hacía tan valioso.
—No —respondí por el intercomunicador, mirando el abismo por donde se había despeñad







