El tiempo avanzo de forma implacable, pero no detuvo el amor que había florecido. En medio de tormentas.
El sol de junio se filtraba a través de los vitrales de la antigua catedral, pintando el suelo de piedra con fragmentos de amatista y oro. El aroma a jazmines frescos inundaba el pasillo central, donde cada banco estaba ocupado por rostros que reflejaban una historia de superación. Margaret, de pie tras las pesadas puertas de roble, sentía el peso ligero del encaje de su vestido, una creación