Marcia se aferró a las manos de su amiga, con los ojos empañados por meses de angustia contenida.
—Soy Marcia, tu mejor amiga, tu hermana de la vida —sollozó, buscando desesperadamente un destello de reconocimiento en los ojos de Margaret—. Te extrañé tanto que sentía que me moría cada noche. Perdóname, Margaret. Perdóname por no haber sido más fuerte ese día que te llevaron.
Marcia bajó la cabeza, dejando que las lágrimas cayeran sobre sus manos entrelazadas.
—Si yo me hubiera quedado contigo,