El pasillo del hotel parecía más largo que de costumbre. Marcia caminaba con el corazón en la garganta, sintiendo que las piernas le pesaban como si cargara bolsas de cemento. A su lado, Ethan avanzaba en silencio, con la mandíbula apretada y los puños hundidos en los bolsillos. Él no dijo nada, pero Marcia sentía su desesperación; era un hombre que acababa de encontrar un tesoro y tenía miedo de que el mundo se lo robara otra vez. Al llegar a la habitación, Ethan se detuvo y la miró.
—Es aquí