El pasillo del hotel se volvió un completo desastre. Justo cuando Samuel apretaba el gatillo, dos hombres de la seguridad del hotel, que habían subido por las quejas de los ruidos, se le echaron encima desde atrás. El disparo se desvió hacia el techo, dejando un agujero negro y un olor a pólvora que mareaba. Samuel cayó al suelo haciendo un ruido seco, forcejeando como un animal herido, soltando insultos y patadas mientras los guardias trataban de ponerle las esposas.
—¡Suelten el arma! ¡Al suel