Al llegar la noche, Margaret se alistó para la cena; todo lo que llevaba puesto fue escogido por Ethan.
—¿Cómo me veo? ¿Te gusta? —preguntó, desfilándole.
—Estás…
Ethan no encontraba cómo describir lo que sentía. El vestido verde esmeralda moldeaba su figura como si se tratase de una diosa de ébano. La abertura en la pierna derecha lo llenaba de fuego, y su cabello, que adornaba el escote en su espalda, era una combinación peligrosa para él.
—¿Y si mejor te arranco todo? —la jaló hacia él—. No