—Buenos días, ¿cómo amaneció la futura señora Pirs?
Margaret le sonrió entre dormida. El incidente con Nike la había dejado angustiada, así que conciliar el sueño le fue difícil.
—No quisiera ir al trabajo, todavía tengo sueño —dijo, abrazándolo con fuerza.
—Yo no tengo inconveniente; por mí, puedes quedarte en casa y descansar un poco más —respondió, acariciando su cabello con voz suave.
Margaret suspiró. Sabía que no era solo el cansancio lo que la estaba deteniendo. La sombra de Nike seguía