Dante, sentado en el asiento del copiloto, se giró para mirarla, su sonrisa cruel marcando el tono de lo que vendría.
—Sabes, tu adorado Ethan nos ha causado algunos problemas —su tono era casi casual, como si estuviera hablando del clima—. Pero no te preocupes, esto será rápido… si cooperas.
Margaret sintió que las palabras se atascaban en su garganta. «Ethan. ¿Esto era por él?», pensó. Su angustia se mezclaba con el temor por lo que pudiera ocurrir.
—¿Qué quieren de mí? —preguntó con voz temb