A la mañana siguiente, Ethan explotó al enterarse sobre la desaparición de Margaret.
—¡¿Qué carajos me estás diciendo?! ¿Cómo dejaron que sucediera esto? —La ira que lo consumía estalló. Golpeó la mesa de la sala de vistas con tal fuerza que sintió un dolor agudo en la mano.
—¡Tranquilo! Lastimarte no solucionará nada —dijo Ernesto, observando la hinchazón en la mano derecha de Ethan.
—¿Y si todo sucedió ayer? ¿Por qué no lo supe antes?
—No queríamos angustiarte, creímos que la hallaríamos, per