Líneas invisibles
Thiago, recostado en la silla, no pudo resistirse a la provocación.
— Veo que sigues siendo el mismo de siempre, Heitor… —dijo, negando con la cabeza y sonriendo con diversión.— Un mujeriego incorregible.
Heitor soltó una carcajada, sin ofenderse, mientras acomodaba el saco como si llevara aquel título con orgullo.
— Solo soy un admirador de la belleza, querido amigo.
— Pues admírala desde lejos. —replicó Thiago con ligereza, haciendo un gesto hacia Nathalia.— Ella es mi secre