La noche en el hospital había sido larga.
Eloise durmió en intervalos cortos, despertándose siempre al menor sonido del constante pitido de las máquinas.
Por la mañana, cansada pero decidida, regresó a casa solo para ducharse y prepararse para otro día en su nuevo trabajo.
La primera batalla comenzó frente al armario.
Casi toda su ropa era demasiado formal.
Trajes de chaqueta.
Camisas perfectamente planchadas.
Faldas lápiz que gritaban Monteiro Corp.
Nada parecía combinar con el ambiente relaja