Capítulo 112 — Marcas Invisibles

El reloj de la sala marcaba poco después de las nueve cuando el estridente sonido del portero automático rompió el silencio del apartamento.

Las tres se sobresaltaron.

Eloise y Nathalia, todavía acurrucadas en el sofá cama improvisado, parpadearon confundidas.

Emma, con el cabello despeinado y la voz ronca por el sueño, se levantó refunfuñando.

—¿Sí? —respondió, intentando aclararse la voz.

La voz del portero sonó por el altavoz:

—Señorita Emma, hay un joven aquí abajo… Lucas Castro.

Emma parpa
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