Augusto salió del evento sintiéndose asfixiado.
El aire del salón le había parecido demasiado pesado.
Cargado de miradas.
De susurros.
Y de una imagen que no conseguía borrar de su mente:
la expresión de Eloise al verlo con la mano apoyada en la cintura de Thamires.
El corazón le ardía.
Sentía el pecho como si hubiera recibido un golpe invisible.
Despidió al chófer y entró solo en un club privado que frecuentaba desde hacía años, aunque rara vez visitaba.
Allí no había fotógrafos.
Ni periodista