La habitación estaba sumergida en una penumbra suave, iluminada apenas por la luz gris que se filtraba a través de las cortinas. La lluvia seguía cayendo con fuerza afuera, como si quisiera arrullar el silencio que se había instalado entre ellos.
Augusto todavía mantenía el brazo firme alrededor de la cintura de ella, como si no tuviera intención de soltarla tan pronto. Eloise, aún jadeante, sentía el calor de él pegado a su cuerpo, y el corazón de Augusto latiendo en un ritmo que poco a poco