—¿Alice…? —la señora Anderson la menciona al verla en total silencio.
—¿Sí…? —la mira aún con esa sonrisa vacía.
—Puedes confiar en mí, solo dime lo que te pasa.
—Quiero marcharme, ¿puedo irme, por favor? —intenta sonar lo más tranquila posible—. Creo que la cena me sentó mal.
—Claro… está bien, has hecho un gran trabajo como esposa, eres toda una Anderson, ve, que yo hablo con los invitados, cariño —le habla siendo gentil y Alice asiente con la cabeza, colocándose de pie y sin mirar a los demás