La secretaria, al verlos tan cerca como si se fueran a besar, sin saber que en realidad estaban discutiendo, sintió la imperiosa necesidad de intervenir para romper ese acercamiento. Sin embargo, no lo logró; la persona a su lado la interrumpió, sacando a colación una conversación trivial sobre el prestigioso evento al que ella había asistido con su jefe.
—¡La cena, señor y señora Anderson! —interrumpió la empleada, Carla. Alice, al escucharla, bajó de inmediato la mirada. Sus mejillas ardían p