—¿Crees que Micah estará bien?
El Italiano se frotó el rostro con una mano. Estaba exhausto. Los últimos días habían sido más intensos que todos sus años de carrera criminal juntos.
—No lo sé —murmuró—. Hay algo distinto. Algo que no logro identificar en él. Sé que es mi hermano… pero no lo parece.
La Doctora lo observó con atención, captando el gesto casi imperceptible que acompañó su confesión. No era fácil para él hablar así.
—¿A qué te refieres?
—Es como si Micah fuese otro. Nadie represent