Mundo ficciónIniciar sesión—¡Hermanita! —exclamó Mendel por todo lo alto apenas abrió la puerta de su casa, los brazos abiertos, adelantándose hacia mí.
Alcancé a darle los panes a Aine antes que me atrapara en un estrecho abrazo, y antes que pudiera detenerme a pensarlo, mi rodilla se alzó hacia su entrepierna. Lo aparté de un empellón agitada, y Mendel retrocedió un par de pasos doblándose sobre sí mismo, ambas manos







