Mundo ficciónIniciar sesiónFueron las horas más felices de mi vida. Después de aquel segundo desayuno, fuimos a sentarnos a la alfombra de la sala frente al hogar, Malec en mis brazos, Sheila abrazada a Mael como una garrapata, Quillan sentado entre nosotros.
Dejé que Mael respondiera a sus preguntas sobre lo que nos había pasado, porque yo no hubiera sabido qué decirles. Y tras un par de respuestas más bien vagas, él se las compuso para desviar la conversaci&oacu







