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Desperté cuando Sheila y Quillan treparon a nuestra cama, intentando escurrirse entre nosotros inadvertidos. Mael sonrió sin abrir los ojos, corriéndose hacia el borde de la cama a riesgo de caer y alzando la manta que nos cubría para que Sheila se deslizara debajo. Yo tuve que correrme hacia el medio de la cama, porque Quillan quería acostarse junto a mí. Me tendí boca arriba para abrazarlo sin soltar a Malec. El pequeñín apoy&oa

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MaríaRecién recuperada y ya pensando en los que ama!!!!!
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