Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz del sol parecía brillar más a un centenar de metros más adelante, y pronto comprendí que nos acercábamos al linde del bosque. Incapaz de contener mi ansiedad, taloneé a Briga para adelantarme por el sendero.
—Ya llegamos, hijo —le susurré a Malec, que se irguió expectante entre mis brazos, sentado delante de mí en la montura.
Un momento después los árboles raleaban, y se abría







