Mundo ficciónIniciar sesión—¡Risa!
La voz de Mael me despertó bruscamente, y apenas abrí los ojos advertí su ausencia. Dormíamos todos en cuatro patas, repartidos en las cuadras. Nosotros ocupábamos una con los niños, que dormían profundamente en un tibio montón, acurrucados juntos en sus mantas.
—¿Mi señor? —respondí.
—Necesito que hagas lo que digo tan aprisa como puedas. Vístete con







