Mía bajó lentamente las escaleras, con el suave crujir de la madera bajo sus pies marcando el ritmo de su andar.
Llevaba una falda corta que ondeaba con ligereza a cada paso, y una blusa blanca que dejaba al descubierto sus hombros y parte de su hermoso pecho. El cabello suelto le caía en ondas brillantes por la espalda.
El sol matutino entraba a través de los ventanales, iluminándola como si el universo entero conspirara para resaltar su belleza natural.
Logan, que estaba esperándola en la p