Isabella se debatía, maldiciendo, pero era inútil. Mateo la subió al vehículo a la fuerza, cerró la puerta de un golpe y se quedó un instante afuera, respirando con dificultad, tratando de controlar la tormenta que rugía en su interior.
Dentro del auto, ella forcejeaba con las manos atadas, intentando desesperadamente comunicarse mentalmente con sus padres.
"Padre… madre… escúchenme, por favor." La voz de Isabella resonaba en su propia mente, clamando por un vínculo que esperaba que cruzara las