Cerró los ojos, visualizando el rostro de Logan, su rabia al no encontrar nada.
—Pero nunca la hallarán —murmuró para él mismo.
Logan giró lentamente hacia Mía, con los ojos encendidos de furia, pero su voz, al dirigirse a ella, se suavizó un poco, cargada de la desesperación de un hombre que lo arriesgaría todo por lo que ama.
—Iré yo mismo, Mía. Tú debes esperar en la manada —dijo, tomándola suavemente de los brazos.
Mía lo miró incrédula, sus labios temblaron, y la loba dentro de ella rugió