El suelo temblaba con cada zancada. Logan corría como un animal desatado, sus patas golpeando la tierra con una fuerza que levantaba polvo y hojas secas a su paso.
El viento cortaba su pelaje negro, que ondeaba como una sombra viva bajo la luz mortecina del atardecer. No pensaba, no razonaba… solo avanzaba, siguiendo el rastro de Mía y de la sangre fresca que impregnaba el aire con un olor metálico y penetrante.
Unos metros atrás, Jacob jadeaba, el pecho ardiendo por el esfuerzo y la rabia.
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