La habitación estaba en penumbra, iluminada apenas por la lámpara sobre la la mesa cercana. El aire estaba impregnado con el aroma de hierbas medicinales, mezclado con el hierro denso de la sangre que aún manchaba la piel de Luca.
Mía estaba sentada junto a él, en la orilla de la cama. Sus dedos temblaban mientras sostenía las manos ásperas y frías del hombre que había arriesgado todo por protegerla.
Luca yacía inconsciente, el sudor perlaba su frente y su respiración era irregular, como si c