Eres un maldito estúpido… —escupió entre jadeos.
Owen tomó la botella de la mesa, sirvió otro trago y lo lanzó con fuerza justo detrás de ella, haciéndola sobresaltarse.
Zoe lo miró con los ojos encendidos de rabia, el pecho subiendo y bajando violentamente. Dio media vuelta, el sonido de sus tacones retumbando con furia en las piedras del pasillo, y salió de la sala como un huracán, con las manos temblándole de impotencia. Apenas cruzó las escaleras, dejó escapar un gruñido bajo, casi animal,